Una lente del tamaño de varios ojos humanos sirven de pinzas para tomar una jugada en específico y analizarla con cepillo de dientes para desmenuzar la verdad. El réferie, en el campo de juego, detiene el partido y toma su oreja como de costumbre intentando escuchar lo que las voces de su interior (el interior de un camerino lleno de pantallas que reflejan las jugadas del partido), le digan qué cosa es correcta para hacer sonar el silbato. Una jugada extraña: es la cuarta ronda de la FA Cup inglesa y se enfrentan Liverpool contra el West Brom en el mítico Anfield, con unas tribunas a reventar coreando los nombres de sus ídolos. Corre el minuto 27, el exArsenal Oxlade-Chamberlain lanza un centro desde una de las esquinas del área más grande en busca de la cabeza del goleador Mohamed Salah, pero este cae luego de una artimaña extraña y un grito desgarrador. El juez espera una orden de sus auriculares, se detiene el juego durante unos minutos (que en fútbol es mucho tiempo), hasta que se toma la decisión luego de revisar detenidamente a Livermore sujetando ligeramente de la camisa a Salah, acto que impidió el progreso del egipcio hacia el gol. Dicta penalti para los de casa. El estadio esta confuso, no entiende nada pero se enciende. En ese preciso minuto el West Brom hacía historia luego de convertir en pocos minutos dos goles que le permitieron remontar la serie y triunfar en un estadio y contra un equipo histórico. Antes, un par de minutos antes y de la misma forma, les habían anulado un gol de cabeza por evidente fuera de lugar después de un análisis que le quito más tiempo al partido. Podrían ir 3 a 1 en ese instante. Pero no, en cambio, podrían estar 2 – 2. Por suerte para ellos, el brasileño Roberto Firmino revienta el balón tan fuerte que da justo en uno de los vértices del arco y se da una especie de “Justicia divina”.
No falta ser un analista de discursos para entender que no me gusta el VAR. Aquel partido, después de una gran lucha contra las cámaras y las decisiones de tablero, el West Brom triunfo por un 2 – 3 que lo consagro en la siguiente ronda, después de tanto esfuerzo. Así es el fútbol. Lo más terrorífico es quienes quieren desvirtuarlo, y lo están haciendo. Varias de las copas nacionales europeas actuales tienen dicho sistema, la Copa Libertadores de América, y la Recopa Sudamericana también lo poseen, incluso el próximo mundial tendrá VAR, y dentro de poco y gracias a la revolución tecnológica de los últimos tiempos cada competición nacional, cada liga, cada segunda división y hasta, dentro de algunos años, cada campeonato aficionado incluso tendrá cámaras que revisen si Pablo de verdad le dio un codazo a su amigo Alfonso o solo fue una simulación que merezca la tarjeta amarilla. Es una exageración.
Muchos afirman que este cambio es beneficioso porque dota de justicia a nuestro deporte rey, pero ¿tú puedes definir “justicia”? Seguro que estás pensando que es “darle a cada quien lo que merece, ser justos”, pero…
¿El fútbol ha sido alguna vez justo?
¿Fue justo cuando México, que jugaba mucho mejor que Holanda en Brasil 2014, quedara eliminada después de tan correcto partido y de superación de rival? ¿Fue justo cuando el Alavés, por allá en el 2001, perdiera la final de la Copa de la UEFA ante el Liverpool, después de haber eliminado a grandes equipos como el Barcelona de Owen y el Internacional italiano? ¿O fue justo cuando el Valencia, que llegaba en el 2001 a su segunda final consecutiva de Champions, fuera derrotado por el poderoso Bayern y viera una vez más sus sueños de consagración europea truncados a un solo paso?
Nada es justo. Esa es la respuesta, porque el fútbol como la vida no se guía por conceptos morales. En la vida hay que actuar y en el fútbol hay que meterla, así que no parece lógico desvirtuar un deporte hermoso a través de avances que solo dejan dudas acerca de si desengranan la verdadera pasión que se siente luego de la adrenalina de un árbitro en contra.
Por suerte tú, que estás leyendo, tienes un espacio pequeño, aunque ya no tanto, en donde esas artimañas no han llegado. Un espacio seguro, fiable y entretenido que te permite ser el rey del mundo, o el peor entrenador de la historia. Sé libre, juega cuanto quieras sin temor a ser desvirtuado porque señores, en Unifutbol no hay VAR.

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